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Mi papá no es malo.
Es un señor muy grande que
tiene un bigote que hace cosquillas en la tripa y, cuando se ríe, parece
que las paredes se van a doblar y romperse en pedazos. Pero a mi no me da
miedo, porque sé que la risa no puede hacer daño a nadie... pero hace
mucho tiempo que mi papá no se ríe. Ahora mi papá casi siempre está muy
callado y, cuando le hablas, tienes que repetirle las cosas porque está
distraído y con la cara triste.
Ya soy mayor y comprendo
muchas cosas, pero hay otras muchas que todavía no he conseguido entender.
Yo sé, porque
mamá me lo ha explicado, que mi papá tiene muchos problemas y cosas en las
que pensar que no le dejan tiempo para jugar conmigo, pero no comprendo
por qué, cuando mi papá llega a casa, tenemos que apagar la televisión y
jugar a “los fantasmas del silencio”.
El juego se
lo inventó mamá. Es un juego muy raro y no muy divertido: solo hay que
estar callado y sin hacer ruido (¡porque los fantasmas no hablan!), andar
pegado a la pared y no enredar ni tirar nada por el suelo. A veces el
fantasma se tiene que quedar en su habitación haciendo puzzles o leyendo.
El otro día, papá me sorprendió andando de puntillas por el pasillo, muy
pegado a la pared, y me preguntó qué hacía. Yo le contesté que jugaba a
“los fantasmas del silencio”. Cuando me dijo que no lo conocía, se lo
expliqué y él, después de escucharme, se quedó muy serio. Por la noche oí
como hablaba con mamá y me parece que era del juego. Las voces sonaban
bajitas pero muy enfadadas. No pude entender lo que decían pero creo que
estaban discutiendo otra vez. Siempre discuten por la noche, cuando creen
que estoy dormido, pero no es verdad: estoy en la cama, si, pero espiando
la oscuridad, escuchando los susurros que resuenan en la casa; hablan de
cosas que yo no entiendo y utilizan palabras que no sé qué significan,
pero que suenan terribles; después suenan golpes y gemidos. Más tarde, el
ruido de la puerta quiere decir que papá se ha ido y que yo puedo
levantarme para ir al servicio (eso le digo a mi mamá si me pilla) y la
escucho llorar, pero no entiendo por qué, ya que no hago ninguna travesura
ni rompo nunca nada... bueno, casi nunca. A veces si, pero es sin querer.
Es que, algunas veces, las cosas se rompen casi solas, solo con que les
des con el balón un poquito y ¡hala!, todo roto por el suelo. Esas veces
me siento muy mal porque sé que, si mi mamá llora por la noche, es culpa
mía y yo trato de explicarle que fue sin querer, que no lo haré más y mi
mamá me abraza; me dice que no importa, que le pudo pasar a cualquiera,
pero que papá no debe de enterarse, para que no se enfade.
Ya soy mayor y sé que mi papá no es malo, pero no entiendo
por qué, a veces, se comporta como si lo fuera.
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