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Anoche soñé
tu mano
(dedos de
cristal):
tu ansia de
deseo fiero
y tu pudor
impar
me sostenían
el alma desnuda
en un brillo
de luz glacial
que se
enredaba en mis venas
duras,
cansadas y enfermas,
cuando, de
pronto, despierto,
miro mi lecho
hueco
y recuerdo
que ya no estás.
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