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Todo se
reduce a eso.
Condenados,
entre los escombros de nuestra civilización, a ser seres tristes y
asustados, hemos sobrevivido gracias a la generosidad y el desperdicio de
los tiempos pasados... tiempos magníficos, al parecer.
Ahora
vivimos bien: a pesar de que algunas de las enfermedades que aparecieron
en el pasado han reducido mucho nuestro número y, aunque al principio lo
lamentábamos profundamente, llorando las muertes que se sucedían sin
cesar, la perspectiva histórica nos ha aportado sabiduría.
Apenas hay
carencias, ya que existen grandes recursos ocultos en el vertedero;
tenemos de todo en abundancia y el hambre ha sido erradicada.
Es cierto
que quedamos pocos; no he visto a nadie desde hace semanas y creo que
somos los últimos habitantes de este sector, pero eso ha reducido los
conflictos hasta alcanzar cero en el último periodo computado.
Tengo que
reconocer que hubo algún brote de avaricia e intentos de acaparamiento de
bienes, pero fueron resueltos con eficacia, aplicando la Nueva Ley
Universal.
Hace tres
días que mi hermano no se mueve.
Espero no
tener que matarle de nuevo.
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