SENTIMIENTOS VERDADEROS

Una multitud de ideas brotaban de su interior. No podía evitarlo, aunque lo intentaba desde el fondo de su alma. El mar de contradicciones en continua colisión no la dejaban pensar con claridad.

Había perdido algo muy hermoso que encontró tiempo atrás, no demasiado tiempo, de acuerdo, pero sí el suficiente como para que hubiera pasado a formar parte de su vida.

Aquello que hace pocos días finalizó, le trae ahora recuerdos hermosos, gestos de cariño, instantes de pasión. También llegan a ella evocaciones sobre cosas que dejó de hacer, por propia decisión, sí, pero todo ello había formado parte de su vida desde el comienzo de su existencia, haciéndola ser exactamente quien es y... había dejado de hacerlas. Por esa persona cambió su vida, sus costumbres, su casa, su presente.  Le abrió la puerta  de su morada y le dio la llave. Era alguien con quién compartía su hogar, sus ilusiones, su trabajo y el fruto de su esfuerzo. Un día esa persona se fue, dejando la puerta tras de sí y la llave sobre la mesa.

En ese momento el mundo se derrumbó ante su propia apática mirada, mirada de desaliento, ojos inundados por sensaciones perdidas.

Divagó a cerca los motivos reales que habían provocado tal decisión y... había muchos posibles, aunque ninguno relacionado directamente con su persona. Eso es lo que más la hastiaba, que nada de todo lo imaginable tenía como consecuencia que los sentimientos de ese ser hacia ella hubiesen variado pero... a pesar de todo se había ido. Lo de menos era el motivo, lo importante era el hecho. Si era tan pávido y bisoño como  para no ser capaz de compartir sus inquietudes, sus miedos, su sentimiento de culpa... con la persona que compartía su vida, posiblemente no se mereciese esa compañía. Sin embargo, nuestra protagonista sí que le había ofrecido todo lo que estaba a su alcance, se volcó completamente. Desde luego ella no se merecía a alguien que no vibrase en su misma frecuencia y eso lo tenía muy claro.

¿Vibrar en su misma frecuencia he dicho? Hay alguien que sí vibra en su misma frecuencia. Esa persona que siempre, desde que recuerda, ha existido en su ser. Resuenan en su interior las primeras palabras, las primeras noches bajo un hermoso cielo estrellado, los paseos a la orilla del mar con la luna por toda compañía. Esto es lo que realmente le importa. Es tan absoluto y completo que no existe manera de describir los sentimientos que le proporciona, la serenidad, la satisfacción y bienestar que siente cuando están juntos. Es quien realmente anidó en su espíritu al principio de los tiempos y sigue siendo su dueño.

Es una persona sorprendente, alguien que se muestra tal como siente y la hipocresía no existe en su diccionario de la vida. Es sincero, amable y atento hasta en los detalles más insignificantes. Es veraz, claro, abierto, espontáneo, sencillo y leal. Es afectuoso, tierno, cálido, sensible, delicado y  cortés. Es impulsivo,  impetuoso,  entusiasta y apasionado de la vida. Simplemente es, que ya es mucho. Es el TODO.

Siente que la comprende, respeta y valora,  que es capaz de alcanzar su alma sin ningún esfuerzo. Se preocupa e inquieta por ella, siempre ha estado ahí, en los momentos propicios y en los más contrarios. Sabe escucharla, sabe mirarla, sabe lo que piensa y siente sin que sea necesario mediar palabra. Sabe quererla.

 

Hace muchos años, le dijo algo –entre muchas otras cosas- que jamás podrá olvidar: 

-     “Dicen que los ojos son el espejo del alma. Tú tienes el alma preciosa.”

 

Ella jamás ha sido capaz de decirle nada que ni tan siquiera se aproximase a esa frase ni a tantas otras que con el transcurso del tiempo ha ido y continúa almacenando en su corazón. Prefiere plasmar sus sentimientos esgrimiendo una encadenada sucesión de palabras sobre un pliego dulcemente creado por y para él.

 

Poco más puedo expresar que no haya dicho ya, tan solo tal vez repetir algo de lo que ya es conocedor: que es amo y señor de su alma y corazón y lo seguirá siendo hasta el fin de sus días.