SERES  

 

     La vida es un enjambre de ideas creadas por mentes atormentadas por el ansia de poder, que impiden el desarrollo de pensamientos celestes. Esos pensamientos que permiten oler el embriagante perfume de un cálido atardecer, que te obsequian con la hermosa visión del aroma desprendido por una bella flor.

El único significado que el astro rey tiene para los individuos, es que cuando este se encuentra  en el firmamento tienen la obligación de unirse a la marabunta que circula por esos enrevesados laberintos, llenos de números, llenos de nombres sin sentido. Ese desierto humano se mueve por impulsos implantados en sus cerebros, conduciéndoles sin posibilidad de error a la rutina del día anterior.

Mientras, en el ciclo de la vida todo discurre del modo más hermoso imaginable, las moléculas del líquido básico, sin desplazarse, modifican su posición, una tras otra, con diferente intensidad, creando un musical oleaje que provoca revuelo en lo que en sus capas superiores habita, llamando esto la atención de seres algo mayores que de ellos se alimentarán; unos  mágicos seres verduzcos, que crean un manto de inigualables tonalidades, dan cobijo a quien lo necesita, alimento al hambriento y sombra al predador agotado.

Al ponerse el sol, las mentes más desarrolladas deciden encarcelarse tras unos muros que nada se atreve a traspasar, sin pensar en sus reiteradas rutinas repetitivas y la iterativa repetición de sus acciones, día tras día, noche tras noche, sin ser capaces de salir de su coraza y disfrutar del estruendoso silencio que la noche les ofrece, del aroma que el frió de las sombra les ofrecen.

Estos seres se creen superiores hasta el punto que no se dignan a observar todo lo que en su mundo tienen, lo que provoca que paulatinamente sean cada vez más débiles, cada vez necesiten más elementos extraños para sobrevivir, más espacio y más energía de quien les sustenta, hasta que llegue el momento que, por tanto recoger sin nada sembrar, quien les alimenta, perecerá y ellos desaparecerán.