LA PLUMA  

 

 Siempre mirando en todas las direcciones posibles y toda su vida había visto lo mismo, madrugar, trabajar, volver a casa y dormir, no había ilusión.

 

Hoy se levantó como cualquier otro día, y al salir a la calle vio una pluma, una hermosa estilográfica en el suelo. Ese no era su sitio, por lo que se rompió la monotonía natural diaria. La recogió y comenzó a soñar.

 

Soñó con tinta china, con papel cuidadosamente tratado, soñó con un sillón inglés y un escritorio francés.

 

Soñaba con los versos que escribía, con las cartas de amor que iba guardando en el cajón superior porque su amada no le correspondía.

 

Soñaba con el sol, que le daba las gracias por aquellas delicadas poesías que le dedicó, escuchó a la luna que, devota, se le ofreció como lecho, veía a las estrellas brillando de emoción por las palabras que lanzó al viento.

 

Soñaba con la diosa del amor, que quedó prendada al leer todas aquellas cartas amontonadas años y años en el cajón. Loca por él, le declaró su amor y lleno de gozo, saltó y corrió.  

 

En ese momento un camión le arrolló. Por querer vivir un sueño, la vida misma le mató.