AMIGO 

 

     Él sabía que era cierto. Lo sintió desde siempre, pero le fue confirmado cuando tenía 17 años con pruebas suficientes para no dudar el resto de su vida. A pesar de todo no podía contarlo y ya había pasado la treintena.

Si pretendiese explicarlo le tomarían por loco o pensarían que lo único que quiere es sentirse protagonista y que todo era ficción, por tanto, optaba por el silencio.

     Jamás le había amenazado para mantenerle callado, pero era un compromiso que él mismo se había impuesto. Ya se darían ellos a conocer a todo el planeta cuando fuera el momento.

     Por respeto a sus deseos, le pondremos un nombre cualquiera, ya que el verdadero solo lo sabe el protagonista de esta historia. Se llamará Ramky.

Desde que conoció a Ramky, éste siempre estuvo enseñándole cosas, aquellas que él pudiese comprender, claro, ya que solo tenía 17 años y su mente al igual que la raza a la que pertenecía le condicionaban. La grandiosidad del universo, la conjunción con el todo (entre otras cosas) se escapaba a su entendimiento.

Ellos habían llegado a un punto de desarrollo en el cual no necesitaban ningún soporte material para desplazarse ni tan siquiera para existir. Usaban el soporte material de algún espécimen con el único fin de comunicarse con otro de esa misma especie sin causar pánico en dicho sujeto.  

 

Estuvieron juntos un año y tres meses, en el que ambos aprendieron grandes cosas.

Ramky aprendió las sutilezas de la raza en la cual se había inmerso. Gracias a su amistad con él, aprendió que cuando se ausentaba por algún motivo, el ser que quedaba, actuaba de manera ligeramente diferente y quienes le rodeaban lo percibían, aunque no sabían la causa de dichos cambios. Lo resolvió tan pronto como lo supo.

El aprendió la pasión por vivir, lo maravillosa que era la luz del sol, el ayudar simplemente por favorecer a los demás, sin desear nada a cambio, el pensar que somos parte de un todo mucho mayor. Al fin y al cabo, era para lo que se sumergió en esta raza, para mostrar todo eso y mucho más. También había cosas que no llegaba a entender como por qué le había elegido a él para contarle quien era, por qué no estaban dotados para amar tal y como su raza lo concebía, por qué no había sexos distintos entre ellos. Cuando Ramky le explicó que eran energía pura, comprendió algunas cosas, pero muchas seguían fuera de su alcance.

Él se consideraba una persona muy normal, sin ninguna característica especial, pero sin embargo debía ser excepcional en algún aspecto, ya que le había  elegido para contarle todas esas cosas que jamás había narrado a nadie. De hecho se lo dijo muchas veces, que era alguien muy especial, alguien con la mente lo suficientemente abierta como para comprender lo que estaba pasando, alguien con quien se podía hablar porque sabía escuchar, que decía lo que pensaba, cuando lo pensaba y tal y como lo pensaba, alguien... perfecto para ser conocedor de tal evento.

Eso le halagaba, se sentía adulado, importante, diferente al resto, pero tan solo para ellos y para él mismo, no cara a la sociedad en la que vivía. Lo cierto es que siempre le dio igual lo que la sociedad pensara de él. Tenía sus propias ideas y creencias, su particular forma de ver la vida y la muerte y no le influía lo que se consideraba normal en la sociedad, de hecho jamás contó sus ideas a nadie,  solo Ramky sabía lo que él sentía y como pensaba.

 

Como ya he dicho antes, estuvieron juntos no llega a un año y medio,  pero la relación fue tan absolutamente intensa que aún hoy se acuerda de la promesa que le hizo antes de irse:

“Si aún te acuerdas de mí,

el día que vayas a morir,

vendré a por ti”.

 

     Y hoy,  muchos años después de verse por última vez, para él sigue estando tan presente en su vida como si hubiese ocurrido ayer.