TRAS EL PRISMA

 

¿Por qué no veo?

¿No sé observar?

Abro las ventanas de mi mente,

pero la noche es oscura, no hay luna.

 

Oigo voces incoherentes,

sonidos sin sentido,

contestados por otros al igual

carentes del mismo.

 

Comencé a andar y tropecé.

¿Posible?, no lo es,

nada hay, nada es.

 

Acercándome palpé.

Comprobé que un antifaz cubría

aquello que yo no veía.

 

Me di cuenta entonces

que la luz de mi mente

es libre, pura, radiante.

 

Su brillo variará,

y con ello de diferente modo captará.

 

Con este poder,

desde una gota a

todo el Universo puedo ver.

Solo yo he de querer.

 

Este, mi universo, cambiará

si no miro siempre igual.

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